
La peor de las trampas (1990) está construida con ramas y peldaños realizados a partir de hojas de machete.
El artista cubano también utiliza con frecuencia objetos encontrados durante sus recorridos por la orilla del mar y las calles de La Habana —trozos de madera, cuerdas, ropa y vidrio— que trabaja y ensambla para crear sus esculturas. El carácter artesanal de sus piezas es un componente clave y remite a una cultura del reciclaje en la que todo adquiere múltiples usos, distintos de aquellos para los que fue concebido originalmente.
Referencia Kcho: Columna infinita, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (texto oficial de la exposición), Madrid.