Esta obra surge de un momento intuitivo de descubrimiento en los inicios de la carrera del artista cubano Kcho. Realizada cuando el artista tenía apenas veintiún años, la pieza refleja preocupaciones conceptuales que más tarde se volverían centrales en su práctica: la insularidad, la geografía simbólica de Cuba y la transformación poética de materiales cotidianos.
Construida a partir del garabato —herramienta rústica utilizada tradicionalmente en el campo cubano— la obra evoca la silueta de la isla. Suspendido en el espacio, el objeto oscila entre artefacto y mapa, entre cultura material cotidiana y metáfora del territorio, la pertenencia y la identidad.
La pieza nació de una revelación espontánea. Como recuerda el propio artista:
“Yo hice esa pieza con 21 años… Estaba sentado en el cuarto, soy fanático de las bibliotecas… leyendo… y de pronto tengo un garabato en la mano… estoy en el medio de esta exploración sobre la insularidad y de pronto me veo con el garabato en la mano, igual a la isla y empecé a reírme, ¡una sonrisa tan agradable!” — Kcho
Lo que comenzó como una coincidencia visual se transformó en un gesto conceptual de gran fuerza. El garabato —objeto profundamente arraigado en la vida rural cubana— se convierte aquí en un símbolo cartográfico de la isla, sugiriendo cómo la identidad y el territorio pueden emerger de los materiales más simples.
A través de esta asociación poética, la obra anticipa una de las preocupaciones persistentes en la producción de Kcho: la relación entre la condición física de Cuba como isla y la experiencia emocional, cultural e histórica de la insularidad.
Salón Municipal de Artes Plásticas, Nueva Gerona, Isla de la Juventud, Cuba, 1990.
Pasaje Cubano, Espacio Artista del Mes, Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, La Habana, Cuba, 1991.
La ronda cubana, Van Reekum Museum, Apeldoorn, Holanda, 1992.
En ningún lugar como en casa (retrospectiva), Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, La Habana, Cuba, 2020–2021.