
“(...) El famoso verano del 93 es la reflexión apasionada sobre las difíciles condiciones del país, que provocaron un salto cualitativo en la imaginación del joven artista. Un salto cualitativo al nivel de la dinámica sintética del lenguaje que observó, de un modo extremadamente lúcido, Llilian Llanes, su incansable promotora. De este momento en adelante, Kcho se convertirá en un excepcional maestro de la instalación, el más evidente representante de la creatividad del Tercer Mundo, un líder del arte emergente en la periferia planetaria. Mi primer contacto con la obra de Kcho fue en la V Bienal de La Habana, en 1994, donde estaba expuesta “La Regata”. Fue para mí una revelación inmediata: todo el drama de Cuba era expuesto en esta pequeña armada de patéticos barquitos. La historia ha decidido sobre todo el destino de la isla, su destino migratorio venía expresado en términos precisos y simples, sin la mínima retórica y sin la usual demagogia, en estos minielementos de la vida cotidiana. Era la obra de un gran artista, y esta grandeza Kcho la demostró durante su fulminante carrera internacional sucesiva. (...)” . Pierre Restany. Milán, diciembre de 1996